No me considero una persona supersticiosa. No me dan miedo los martes 13, ni los gatos negros, ni ninguna de esas cosas. De hecho, me considero de esas personas que necesitan ver para creer en algo (generalmente). Vaya, digamos, que aún siendo una persona de letras puras, en algunas cosas tengo la mente bastante cuadrada.
Pero el caso es que Edo, en algunos aspectos es algo supersticioso. Sobre todo tiene una superstición, en la que según como gire una cadena sobre tu mano, te dirá el número de hijos que tendrás. Hace unas semanas, me comentó que la cadena "le dijo" que tendría 2 hijos, un niño y una niña (por lo visto, también sería ese el orden). Entonces me propuso hacer la prueba conmigo, a lo que yo le respondí que no, que eso no tenía ningún fundamento. Y que además, podría repercutir en la relación, pues si no salía el mismo resultado él iba a pensar que yo no soy la persona que está destinada a él (y aunque yo no creo en estas cosas, sé que mis pensamientos seguirían un rumbo parecido). No creáis que él no contraatacó; me puso de ejemplo su anterior relación: en la que ambos resultados eran iguales, pero, obviamente, la relación no llegó a buen puerto. Pero, en fin, yo dije que no me apetecía, y por el momento el experimento se quedó ahí.
Pero al cabo de unos días, a mí me empezó a picar el gusanillo, sobre todo porque creo recordar que me hicieron eso de pequeña y que ese fue el resultado. Así, que después de unas semanas, le dije que si me la hacía, que tenía curiosidad y así salíamos de dudas. Sorprendida me quedé cuando la respuesta de Edo fue que no y, después pasó a darme el mismo argumento que yo le dí antes. Pero como yo soy pesada por naturaleza, se lo propuse un par de veces más, con sus correspondientes negaciones.
Al final, unas horas después de que se lo volviera a preguntar, cuando estábamos tranquilos en su casa, se levanta de golpe, y viene con una cadena de la que colgaba una llave (es una réplica de un símbolo de un videojuego, Kingdom Hearts). No puedo negar que estuviese nerviosa; lo estaba y mucho. Y eso, a pesar de que yo no creo en esas cosas; pero había una alta probabilidad de que aquello no saliese como esperaba y que dañara nuestra relación.
Me cogió la mano derecha, y empezó a hacer el truquito ese, con la llave colgando de la cadena. Lo hizo un par de veces, y puso una cara algo rara. Aunque yo no miraba directamente (me hacía la indiferente) pude notar que la cosa no salía clara, aunque solía salir lo mismo las veces que lo repitió.
Como la cosa no se aclaraba, quitó la llave, y lo hizo sin ésta. Esta vez, si presté atención, sobre todo a su cara. Mi cuerpo se relajó cuando vi su sonrisa de satisfacción. Sí, mi resultado fue el mismo que el suyo.
Sé que no tiene ningún fundamento; que no es más que una superstición; y que llevamos poquísimo tiempo para pensar en esas cosas. Pero la felicidad que nos entró cuando vimos eso, y la esperanza que tenemos de que seamos la persona indicada el uno para el otro no nos la quita nadie.
Yo, por el momento, me voy a concentrar a vivir mi vida junto a él, a vivir el ahora. Y el futuro, pues, ya se verá.